Del sentimiento trágico de la vida
Del sentimiento trágico de la vida Y esta Helena ¿es la esposa del rubio Menelao, la que robó Paris, y causó la guerra de Troya, y de quien los ancianos troyanos decÃan que no debÃa indignar el que se pelease por mujer que por su rostro se parecÃa tan terriblemente a las diosas inmortales? Creo más bien que esa Helena de Fausto era otra, la que acompañaba a Simón Mago, y que este decÃa ser la inteligencia divina. Y Fausto puede decirle: ¡devuélveme el alma!
Porque Helena con sus besos nos saca el alma. Y lo que queremos y necesitamos es alma, y alma de bulto y de sustancia.
Pero vinieron el Renacimiento, la Reforma y la Revolución, trayéndonos a Helena, o más bien empujados por ella, y ahora nos hablan de Cultura y de Europa.
¡Europa! Esta noción primitiva e inmediatamente geográfica nos la han convertido por arte mágico en una categorÃa casi metafÃsica. ¿Quién sabe hoy ya, en España por lo menos, lo que es Europa? Yo solo sé que es un shibboleth (véase mis Tres ensayos). Y cuando me pongo a escudriñar lo que llaman Europa nuestros europeizantes, paréceme a las veces que queda fuera de ella mucho de lo periférico —España desde luego, Inglaterra, Italia, Escandinavia, Rusia…— y que se reduce a lo central, a Franco-Alemania con sus anejos y dependencias.