Del sentimiento trágico de la vida
Del sentimiento trágico de la vida «Le bon sens est la chose du monde la mieux partagée». Asà comienza el Discurso del Método, y ese buen sentido le salvó. Y sigue hablando de sà mismo, del hombre Descartes, diciéndonos, entre otras cosas, que estimaba mucho la elocuencia y estaba enamorado de la poesÃa; que se complacÃa sobre todo en las matemáticas, a causa de la certeza y evidencia de sus razones, y que veneraba nuestra teologÃa, y pretendÃa, tanto como cualquier otro, ganar en el cielo, Je prétendais autant qu’aucun autre à gagner le ciel. Y esta pretensión, por lo demás creo que muy laudable, y sobre todo muy natural, fue la que le impidió sacar todas las consecuencias de la duda metódica. El hombre Descartes pretendÃa, tanto como otro cualquiera, ganar el cielo; «pero habiendo sabido, como cosa muy segura, que no está su camino menos abierto a los más ignorantes que a los más doctos, y que las verdades reveladas que a él llevan están por encima de nuestra inteligencia, no me hubiera atrevido a someterlas a la flaqueza de mi razonamiento y pensé que para emprender el examinarlos y lograrlo era menester tener alguna extraordinaria asistencia del cielo y ser más que hombre». Y aquà está el hombre. Aquà está el hombre que no se sentÃa, a Dios gracias, en condición que le obligase a hacer de la ciencia un oficio —métier— para alivio de su fortuna, y que no se hacÃa una profesión de despreciar, en cÃnico, la gloria. Y luego nos cuenta cómo tuvo que detenerse en Alemania, y encerrado en una estufa —poêle—, empezó a filosofar su método. En Alemania, ¡pero encerrado en una estufa! Y asà es, un discurso de estufa, y de estufa alemana, aunque el filósofo en ella encerrado haya sido un francés que se proponÃa ganar el cielo.