Del sentimiento trágico de la vida
Del sentimiento trágico de la vida Quedémonos ahora en esta vehemente sospecha de que el ansia de no morir, el hambre de la inmortalidad personal, el conato con que tendemos a persistir indefinidamente en nuestro ser propio y que es, según el trágico judÃo, nuestra misma esencia, eso es la base afectiva de todo conocer y el Ãntimo punto de partida personal de toda filosofÃa humana, fraguada por un hombre y para hombres. Y veremos cómo la solución a ese Ãntimo problema afectivo, solución que puede ser la renuncia desesperada de solucionarlo, es la que tiñe todo el resto de la filosofÃa. Hasta debajo del llamado problema del conocimiento no hay sino el afecto ese humano, como debajo de la inquisición del por qué de la causa no hay sino la rebusca del para qué, de la finalidad. Todo lo demás es o engañarse o querer engañar a los demás. Y querer engañar a los demás para engañarse a sà mismo.
Y ese punto de partida personal y afectivo de toda filosofÃa y de toda religión es el sentimiento trágico de la vida. Vamos a verlo.