La TÃa Tula
La TÃa Tula Alguna vez la criatura se vomitó sobre aquella cama, limpia siempre hasta entonces como una patena, y de pronto sintió Gertrudis la punzada de la mancha. Su pasión morbosa por la pureza, de que procedÃa su culto mÃstico a la limpieza, sufrió entonces, y tuvo que esforzarse para dominarse. ComprendÃa, sÃ, que no cabe vivir sin mancharse y que aquella mancha era inocentÃsima, pero los cimientos de su espÃritu se conmovÃan dolorosamente con ello. Y luego le apretaba a la criaturita contra sus pechos pidiéndole perdón en silencio por aquella tentación de su pureza.