La TÃa Tula
La TÃa Tula —¡Pues qué duda cabe! —y al decirlo le temblaba el cuerpo todo.
—Pues si piensas casarte con ella, ¿por qué diferirlo as�
—Somos aún jóvenes…
—¡Mejor!
—Tenemos que probarnos…
—¿Qué, qué es eso?, ¿qué es eso de probaros? ¿Crees que la conocerás mejor dentro de un año? Peor, mucho peor…
—Y si luego…
—¡No pensaste en eso al pedir la entrada aquÃ!
—Pero, Tula…
—¡Nada de Tula! ¿La quieres, sà o no?
—¿Puedes dudarlo, Tula?
—¡Te he dicho que nada de Tula! ¿La quieres?
—¡Claro que la quiero!
—Pues la querrás más todavÃa. Será una buena mujer para ti. Haréis un buen matrimonio.
—Y con tu consejo…
—Nada de consejo. ¡Yo haré una buena tÃa, y basta!
Ramiro pareció luchar un breve rato consigo mismo y como si buscase algo, y al cabo, con un gesto de desesperada resolución, exclamó:
—¡Pues bien, Gertrudis, quiero decirte toda la verdad!