La TÃa Tula
La TÃa Tula —SÃ, nos ha dicho que todavÃa no eres nuestra mamá, pero que lo serás… SÃ, que vas a ser nuestra mamá cuando pasen unos meses…
«Entonces serÃa vuestra madrastra», pensó Gertrudis, pero no se atrevió a desnudar este pensamiento pecaminoso ante el niño.
—Bueno, mira, no hagas caso de esas cosas, hijo mÃo…
Y cuando luego llegó Ramiro, el padre, le llamó aparte y severamente le dijo:
—No andes diciéndole al niño esas cosas. No le digas que yo no soy todavÃa más que su tÃa, la tÃa Tula, y que seré su mamá. Eso es corromperle, eso es abrirle los ojos sobre cosas que no debe ver. Y si lo haces por influir con él sobre mÃ, si lo haces por moverme…
—Me dijiste que te tomabas un plazo…
—Bueno, si lo haces por eso piensa en el papel que haces hacer a tu hijo, un papel de…
—¡Bueno, calla!
—Las palabras no me asustan, pero lo callaré. Y tú piensa en Rosa, recuerda a Rosa, ¡tu primer… amor!
—¡Tula!
—Basta. Y no busques madrastra para tus hijos, que tienen madre.