La TÃa Tula
La TÃa Tula —Como dicen que en los confesonarios se confeccionan bodas y que ustedes, los padres, se dedican a casamenteros…
—Yo lo único que digo ahora, hija, es que es muy natural que su cuñado, viudo y joven y fuerte, quiera volver a casarse, y mas natural, y hasta santo, que busque otra madre para sus hijos…
—¿Otra? ¡Ya la tiene!
—SÃ; pero… y si esta se va…
—¿Irme? ¿Yo? Estoy tan obligada a esos niños como estarÃa su madre de carne y sangre si viviese…
—Y luego eso da que hablar…
—De lo que hablen, padre, ya le he dicho que nada se me da…
—¿Y si lo hiciese precisamente por eso, porque hablen? ExamÃnese y mire si no entra en ello un deseo de afrontar las preocupaciones ajenas, de desafiar la opinión pública…
—Y si asà fuese, ¿qué?
—Que eso sà que es pecaminoso. Y después de todo, la cuestión es otra…
—¿Cuál es la cuestión?
—La cuestión es si usted le quiere o no. Esta es la cuestión. ¿Le quiere usted, sà o no?
—¡Para marido…, no!
—Pero ¿le rechaza?
—¡Rechazarle…, no!