La TÃa Tula
La TÃa Tula —¡Eh, qué cosas tienes! —y se quebró la voz.
—Vamos, Rosita, no te pongas asÃ, y perdóname —le dijo dándole un beso.
—Pero si vuelves…
—¡No, no volveré!
—Y bien, ¿qué le digo?
—¡Dile que sÃ!
—Pero pensará que soy demasiado fácil…
—¡Entonces dile que no!
—Pero es que…
—SÃ, que te parece un guapo mozo y simpático. Dile, pues, que sà y no andes con más coqueterÃas, que eso es feo. Dile que sÃ. Después de todo, no es fácil que se te presente mejor partido. Ramiro está muy bien, es hijo solo…
—Yo no he hablado de eso.
—Pero yo hablo de ello, Rosa, y es igual.
—¿Y no dirán, Tula, que tengo ganas de novio?
—Y dirán bien.
—¿Otra vez, Tula?
—Y ciento. Tienes ganas de novio y es natural que las tengas. ¿Para qué si no te hizo Dios tan guapa?
—¡Guasitas no! ,
