La TÃa Tula
La TÃa Tula Ramiro vivÃa sumido en una resignada desesperación y más entregado que nunca al albedrÃo de Gertrudis.
—SÃ, sÃ, bien lo comprendo ahora —decÃa—, no ha habido más remedio, pero…
—¿Te pesa? —le preguntaba Gertrudis.
—De haberme casado, ¡no! De haber tenido que volverme a casar, ¡sÃ!
—Ahora no es ya tiempo de pensar en eso; ¡pecho a la vida!
—¡Ah, si tú hubieras querido, Tula!
—Te di un año de plazo; ¿has sabido guardarlo?
—¿Y si lo hubiese guardado como tú querÃas, al fin de él qué, dime? Porque no me prometiste nada.
—Aunque te hubiese prometido algo habrÃa sido igual. No, habrÃa sido peor aún. En nuestras circunstancias, el haberte hecho una promesa, el haberte sólo pedido una dilación para nuestro enlace, habrÃa sido peor.
—Pero si hubiese guardado la tregua, como tú querÃas que la guardase, dime: ¿qué habrÃas hecho?
—No lo sé.
—Que no lo sabes…, Tula…, que no lo sabes…
—No, no lo sé; te digo que no lo sé.
—Pero tus sentimientos…