Niebla
Niebla —SÃ, ahora creo que sÃ, me parece que sÃ; pero cuando me casé no sé si le querÃa. Mira, eso del amor es una cosa de libros, algo que se ha inventado no más que para hablar y escribir de ello. TonterÃas de poetas. Lo positivo es el matrimonio. El Código civil no habla del amor y sà del matrimonio. Todo eso del amor no es más que música…
—¿Música?
—Música, sÃ. Y ya sabes que la música apenas sirve sino para vivir de enseñarla, y que si no te aprovechas de una ocasión como esta que se te presenta vas a tardar en salir de tu purgatorio…
—Y ¿qué? ¿Les pido yo a ustedes algo? ¿No me gano por mà mi vida? ¿Les soy gravosa?
—No te sulfures asÃ, polvorilla, ni digas esas cosas, porque vamos a reñir de veras. Nadie te habla de eso. Y todo lo que te digo y aconsejo es por tu bien.
—SÃ, por mi bien… por mi bien… Por mi bien ha hecho el señor don Augusto Pérez esa hombrada, por mi bien… ¡Una hombrada, sÃ, una hombrada! ¡Quererme comprar…! ¡Quererme comprar a mÃ… a mÃ! ¡Una hombrada, lo dicho, una hombrada… una cosa de hombre! Los hombres, tÃa, ya lo voy viendo, son unos groseros, unos brutos, carecen de delicadeza. No saben hacer ni un favor sin ofender…
—¿Todos?