Niebla
Niebla —Porque… pues, ¡porque he metido la pata! Quise que siguiéramos, es decir, que empezáramos las relaciones, ¿entiendes?, sin compromiso ni consecuencias… y, ¡claro!, me parece que me va a dar soleta. Esa mujer querÃa absorberme.
—¡Y te absorberá!
—¡Quién sabe…! ¡Soy tan débil! Yo nacà para que una mujer me mantenga, pero con dignidad, ¿sabes?, y si no, ¡nada!
—Y ¿a qué llamas dignidad?, ¿puede saberse?
—¡Hombre, eso no se pregunta! Hay cosas que no pueden definirse.
—¡Es verdad! —contestó con profunda convicción Rogelio, añadiendo—: Y si la pianista te deja, ¿qué vas a hacer?
—Pues quedar vacante. Y a ver si alguna otra me conquista. ¡He sido ya conquistado tantas veces…! Pero esta, con eso de no ceder, de mantenerse siempre a honesta distancia, de ser honrada, en fin, porque como honrada lo es hasta donde la que más, con todo eso me tenÃa chaladito, pero del todo chaladito. HabrÃa acabado por hacer de mà lo que hubiese querido. Y ahora, si me deja, lo sentiré, y mucho, pero me veré libre.
—¿Libre?
—Libre, sÃ, para otra.
—Yo creo que haréis las paces…