Niebla
Niebla —Pero todo eso, VÃctor, parece inventado.
—Pues no lo es. Hay cosas que no se inventan. Y aún falta lo mejor. Y me contaba don ValentÃn, que es después de don José quien ha estado tratando a don EloÃno, que al ir un dÃa a verle y encontrarse con don MatÃas revestido, creyó que era para darle la Extremaunción al enfermo, y le dicen que estaba casándole. Y al volver más tarde le acompañó hasta la puerta la recién casada patrona, ¡por tercera vez!, y con voz compungida y ansiosa le preguntaba: «Pero, diga usted, don ValentÃn, ¿vivirá?, ¿vivirá todavÃa?». «No, señora, no; es cuestión de dÃás…». «Se morirá pronto, ¿eh?». «SÃ, muy pronto». «Pero ¿de veras se morirá?».
—¡Qué enormidad!
—Y no es todo. Don ValentÃn ordenó que no se le diese al enfermo más que leche, y de esta poquita de cada vez, pero doña Sinfo decÃa a otro huésped: «¡Quiá!, ¡yo le doy de todo lo que me pida! ¡A qué quitarle sus gustos si ha de vivir tan poco…!». Y luego ordenó que le diese unas ayudas, y ella decÃa: «¿Unas ayudas? ¡Uf, qué asco! ¿A ese tÃo carcamal? ¡Yo, no, yo no! ¡Si hubiese sido a alguno de los otros dos, a los que querÃa, con los que me casé por mi gusto! Pero ¿a este?, ¿unas ayudas? ¿Yo? ¡Como no…!».
—¡Todo esto es fantástico!