Niebla
Niebla —Pues le he oÃdo contar a Manuel Machado, el poeta, el hermano de Antonio, que una vez le llevó a don Eduardo Benoit, para leérselo, un soneto que estaba en alejandrinos o en no sé qué otra forma heterodoxa. Se lo leyó y don Eduardo le dijo: «Pero ¡eso no es soneto!…». «No, señor —le contestó Machado—, no es soneto, es… sonite». Pues asà con mi novela, no va a ser novela, sino… ¿cómo dije?, navilo… nebulo, no, no, nivola, eso es, ¡nivola! Asà nadie tendrá derecho a decir que deroga las leyes de su género… Invento el género, e inventar un género no es más que darle un nombre nuevo, y le doy las leyes que me place. ¡Y mucho diálogo!
—¿Y cuando un personaje se queda solo?
—Entonces… un monólogo. Y para que parezca algo asà como un diálogo invento un perro a quien el personaje se dirige.
—¿Sabes, VÃctor, que se me antoja que me estás inventando?…
—¡Puede ser!