Niebla
Niebla —No; cabe otro término tercero y es devorarse uno a sà mismo, burlarse de sà mismo uno. ¡Devórate! El que devora goza, pero no se harta de recordar el acabamiento de sus goces y se hace pesimista; el que es devorado sufre, y no se harta de esperar la liberación de sus penas y se hace optimista. Devórate a ti mismo, y como el placer de devorarte se confundirá y neutralizará con el dolor de ser devorado, llegarás a la perfecta ecuanimidad de espÃritu, a la ataraxia; no serás sino un mero espectáculo para ti mismo.
—Y ¿eres tú, tú, VÃctor, tú el que me vienes con esas cosas?
—¡SÃ, yo, Augusto, yo, soy yo!
—Pues en un tiempo no pensabas de esa manera tan… corrosiva.
—Es que entonces no era padre.
—Y ¿el ser padre…?