Niebla
Niebla —El ser padre, al que no está loco o es un mentecato, le despierta lo más terrible que hay en el hombre: ¡el sentido de la responsabilidad! Yo entrego a mi hijo el legado perenne de la humanidad. Con meditar en el misterio de la paternidad hay para volverse loco. Y si los más de los padres no se vuelven locos es porque son tontos… o no son padres. RegocÃjate, pues, Augusto, que con eso de habérsete escapado te evitó acaso el que fueses padre. Y yo te dije que te casaras, pero no que te hicieses padre. El matrimonio es un experimento… psicológico; la paternidad lo es… patológico.
—¡Es que me ha hecho padre, VÃctor!
—¿Cómo?, ¿que te ha hecho padre?
—¡SÃ, de mà mismo! Con esto creo haber nacido de veras. Y para sufrir, para morir.
—SÃ, el segundo nacimiento, el verdadero, es nacer por el dolor a la conciencia de la muerte incesante, de que estamos siempre muriendo. Pero si te has hecho padre de ti mismo es que te has hecho hijo de ti mismo también.
—Parece imposible, VÃctor, parece imposible que pasándome lo que me pasa, después de lo que ha hecho conmigo… ¡ella!, pueda todavÃa oÃr con calma estas sutilezas, estos juegos de concepto, estas humoradas macabras, y hasta algo peor…
—¿Qué?