Niebla
Niebla Muchas noches, antes de acostarse, solÃa Augusto echar una partida de tute con su criado, Domingo, y mientras, la mujer de este, la cocinera, contemplaba el juego.
Empezó la partida.
—¡Veinte en copas! —cantó Domingo.
—¡Decidme! —exclamó Augusto de pronto—. ¿Y si yo me casara?
—Muy bien hecho, señorito —dijo Domingo.
—Según y conforme —se atrevió a insinuar Liduvina, su mujer.
—Pues ¿no te casaste tú? —le interpeló Augusto.
—Según y conforme, señorito.
—¿Cómo según y conforme? Habla.
—Casarse es muy fácil; pero no es tan fácil ser casado.
—Eso pertenece a la sabidurÃa popular, fuente de…
—Y lo que es la que haya de ser mujer del señorito… —agregó Liduvina, temiendo que Augusto les espetara todo un monólogo.
—¿Qué? La que haya de ser mi mujer, ¿qué? Vamos, ¡dilo, dilo, mujer, dilo!
—Pues que como el señorito es tan bueno…
—Anda, dilo, mujer, dilo de una vez.
—Ya recuerda lo que decÃa la señora…