Niebla
Niebla —Pues allá va.
Y perdió también la partida, por distraÃdo.
«Pues señor —se decÃa al retirarse a su cuarto—, todos la conocen; todos la conocen menos yo. He aquà la obra del amor. ¿Y mañana? ¿Qué haré mañana? ¡Bah! A cada dÃa bástele su cuidado. Ahora, a la cama».
Y se acostó.
Y ya en la cama siguió diciéndose: «Pues el caso es que he estado aburriéndome sin saberlo, y dos mortales años… desde que murió mi santa madre… SÃ, sÃ, hay un aburrimiento inconsciente. Casi todos los hombres nos aburrimos inconscientemente. El aburrimiento es el fondo de la vida, y el aburrimiento es el que ha inventado los juegos, las distracciones, las novelas y el amor. La niebla de la vida rezuma un dulce aburrimiento, licor agridulce. Todos estos sucesos cotidianos, insignificantes; todas estas dulces conversaciones con que matamos el tiempo y alargamos la vida, ¿qué son sino dulcÃsimo aburrirse? ¡Oh, Eugenia, mi Eugenia, flor de mi aburrimiento vital e inconsciente, asÃsteme en mis sueños, sueña en mà y conmigo!».
Y quedóse dormido.