Paz en la guerra
Paz en la guerra Entristecióle la revista que pasó el alcalde a los auxiliares, al ver a su marido y a su hijo mayor con sus gorritas escocesas, gorritas de higo, y su chopo al hombro, en aquella multitud de hombres de tan diversas edades y condiciones, de aquellos tenderos armados.
Las pacíficas familias contemplaban el desfile de sus varones, armados y distribuidos militarmente, reconociendo a cada uno, sin darse cuenta de la significación de aquel aparato bélico.
Los oficiales llevaban, como los simples rasos, su fusil al hombro y los galones escondidos en la gorrita escocesa, distintivo que constituía todo el uniforme. Con ir allí hombres de muy distintas edades y condiciones, de porte muy variado, revelando por su traje las diferencias de su posición, dominaba al abigarrado conjunto un profundo acorde de igualdad, así como la normal predominancia del tono oscuro en la coloración de la indumentaria, le daba un aire de honda seriedad, muy distinto del que brota de los ejércitos vestidos de colorines.
Halló doña Micaela alguna distracción a la fiebre lenta de su alma arreglando y remendando ropas usadas, que el vecindario aprestaba para abrigar las mal cubiertas carnes de aquellos pobrecitos quintos que, arrancados a sus tierras y labores, desembarcaron azotados por el cordonazo de San Francisco, que hacía tiritar sus cuerpos.