Paz en la guerra
Paz en la guerra Aquella noche anhelos de cumplimiento y restos de incertidumbre apenas les dejaron pegar ojo. A las once cesó el enemigo sus disparos.
El 2 de mayo al amanecer sintió la Familia Arana fuertes llamadas.
—¡Estamos salvos! —gritaba don Epifanio sacando de un paquete pan blanco y chorizos— ¡estamos salvos! Acabo de comprar merluza a una aldeana...
Rafaela se acordó del tÃo Miguel, mientras Marcelino exclamaba:
—¡Pan, papá, mira pan!
—¿Y el ejército?
—A la puerta. Anoche a las once y media dispararon esos cafres la última, gritando desde las avanzadas: ¡ahà vos va la última!
Todos se echaron a la calle que parecÃa ensancharse. Estaban éstas como hormiguero al sol; las gentes iban y venÃan saludándose cual de retorno de un largo viaje. Cruzaban aldeanas con sus cestas de vendeja, y el pan blanco corrÃa de mano en mano. Juanito con sus compañeros de guardia habÃan salido al encuentro de los libertadores, y al topar con los corresponsales de los periódicos extranjeros, entretuviéronse en tomarles el pelo, contándoles estupendos embustes.
Era 2 de mayo, fecha ya dos veces gloriosa en la historia española.