Diálogo de las cosas acaecidas en Roma
Diálogo de las cosas acaecidas en Roma
ARCEDIANO:
¡A buen árbol os arrimáis! A osadas1 que yo nunca rompa mi cabeza pensando en esas cosas de que no se me puede seguir ningún provecho.
LACTANCIO:
Buena vida os dé Dios.
ARCEDIANO:
Allende de esto decÃan que, cuando a los clérigos fueron dadas las libertades y exenciones que ahora tienen, eran pobres y gastaban lo que tenÃan con quien más que ellos habÃa menester, y que ahora, pues son más ricos que no los legos, y muchos gastan lo que tienen con sus hijos y mancebas, que no parecÃa honesto ni razonable que los tristes de los pobres fuesen agraviados con huéspedes y con imposiciones, y los clérigos, en quien todos los bienes se consumÃan, quedasen exentos. DecÃan asimismo que habÃa tantas fiestas de guardar que los oficiales y labradores recibÃan mucho perjuicio de ello, y que pues se veÃa claramente que la mayor parte de los hombres no se ocupaban los dÃas de fiesta en aquellas obras en que se deberÃan de ocupar, sino en muy peores ejercicios que los otros dÃas, que serÃa bien se moderase tanto número de fiestas.