Diálogo de las cosas acaecidas en Roma
Diálogo de las cosas acaecidas en Roma LACTANCIO:
¿Paréceos que decÃan mal?
ARCEDIANO:
Y vos, ¿quereislo defender? ¿No veis que los santos cuyas fiestas quitaseis se indignarÃan, y podrÃa ser que nos viniese algún gran mal?
LACTANCIO:
Mas, ¿vos no veis que se ofenden esos santos más con los vicios y bellaquerÃas que se acostumbran hacer los dÃas de fiesta, que no en que cada uno trabaje en ganar de comer? Si todas las fiestas se empleasen en servir a Dios, querrÃa yo que cada dÃa fuese fiesta; mas, pues asà no se hace, no tendrÃa por malo que se moderasen. Si un hombre se emborracha, o juega todo el dÃa a los naipes o a los dados, o anda envuelto en murmuraciones, o en mujeres o en otras semejantes bellaquerÃas, parécenos que no quebranta la fiesta; y si con extrema necesidad cose un zapato para ganar de comer, luego dicen que es hereje. Yo no sé qué servicios son estos. Pésame que los ricos tomen en aquellos dÃas sus pasatiempos y placeres, y todo carga sobre los desventurados de los oficiales y labradores y pobres hombres.
ARCEDIANO: