Diálogo de las cosas acaecidas en Roma
Diálogo de las cosas acaecidas en Roma
ARCEDIANO:
Pues que eso preguntáis, no lo debéis saber todo. Hágoos saber que ya no hay hombre en Roma que ose parecer en hábito eclesiástico por las calles.
LACTANCIO:
¿Qué decÃs?
ARCEDIANO:
Digo que, cuando yo partà de Roma, la persecución contra los clérigos era tan grande que no habÃa hombre que en hábito de clérigo ni de fraile osase andar por las calles.
LACTANCIO:
¡Oh maravilloso Dios y cuán incomprensibles son tus juicios! Veamos, señor: ¿y hallásteisos dentro en Roma cuando entró el ejército del Emperador?
ARCEDIANO:
SÃ, por mis pecados, allà me hallé o, por mejor decir, allà me perdÃ; pues, de cuanto tenÃa, no me quedó más de lo que veis.
LACTANCIO: