Genio y figura
Genio y figura Después de los amistosos saludos de costumbre, con la inveterada familiaridad de siempre, y tuteando al Vizconde como solía, Rafaela le dijo:
—Tú eres mi mejor amigo, lleno para mí de amabilidad y de indulgencia. A solas contigo, no sé disimular: todo lo confieso: pienso alto. No me lo agradezcas. Yo soy quien debe mostrarte su gratitud. Si yo no pudiera decir a alguien lo que siento, si no te tuviera a ti para decirlo, creo que mi corazón estallaría como una bomba.
—Pues, hija mía, di cuanto se te ocurra, que pronto estoy a escucharte y a consolarte si puedo.