Genio y figura
Genio y figura La mamá nada tenía de extraño en su tocado y vestido. En sus modales, si por algo pecaba, era por sobra de naturalidad y franqueza. La señora de Pinto, con relación a los remilgos afectados y a las ceremonias de París, era por demás llanota y campechana. Como ya frisaba en sesenta años, aunque se conservaba muy bien, no tenía para qué reportarse, ni se reportaba y refrenaba en sus manifestaciones de cariño; de modo que recibió al Vizconde materialmente con los brazos abiertos. Sus salones estaban ya llenos de gente, pero no impidió esto que el Vizconde fuese por ella abrazado y casi besado. Ella decía que era como una hermana que, después de largos años de ausencia, vuelve a ver a su hermano; pero él entendía que la suposición hubiera estado mejor hecha figurando ella como madre y él como hijo. La verdad era, que si bien el Vizconde tenía más de cincuenta años, estaba tan bien, que parecía un muchacho, un buen mozo, atildado, gallardo y fino.