Genio y figura
Genio y figura Rafaela le contestó que ella vivía más desordenadamente que nunca; que para recibir a sus amigos no había fijado ni día ni hora; pero que a él, por excepción, le recibiría cuando a ella le fuese posible y él fuese a verla.
Todo esto, por virtud de un arte o de un instinto que suelen tener las mujeres, quedó indeciso y como flotando en el aire, sin que el Vizconde, que no quería tampoco tocar por lo insistente en pesado, lograse conseguir una cita, sin calificarla de cita: una cita implícita, disimulada y vergonzante, que era lo que él ansiaba.