Genio y figura
Genio y figura Aquella noche había en la tertulia mucha gente, y el Barón tardó bastante en volver con el abrigo, a pesar de lo habilidoso que era para tales menesteres. Las súplicas del Vizconde fueron entonces más fervorosas y reiteradas. Rafaela se quedó un momento pensativa y como vacilante. Al fin dijo al Vizconde en voz muy baja:
—Sea; usted lo quiere y el diablo lo quiere también.
—¿Y cuándo? —dijo con ansia el Vizconde.
—Dentro de doce días, el 20 de este mes —contestó ella—, hasta entonces ni nos hablaremos ni nos veremos.
—¿Y por qué tan largo plazo? —exclamó él.
—Porque quiero —dijo ella— imitar con usted lo que hizo Ninon de Lenclos con el abate Gedoyn.
—¿Y qué hizo Ninon con el abate?
—Aguardó para hacerle dichoso y le hizo dichoso el día de su cumpleaños. Trazas tiene de fábula, pero afirman las historias que Ninon cumplió ochenta aquel día. Mucho disto yo de ser tan anciana, pero el 20 de este mes cumpliré los cincuenta. Quiero que al terminar el primer medio siglo de mi vida, la cual no sé si tema o espere yo que dure todo un siglo, empiecen mis más serios, constantes y últimos amores. No me engañe usted, Vizconde; ¿quiere usted como yo que estos últimos amores nuestros sean serios y constantes?