Genio y figura
Genio y figura —Antes de que vengas a verme y antes de que tu alma llegue a unirse en estrecho lazo con la mÃa, quiero que la conozcas bien y que penetres en los abismos que en ella hay.
Hasta el dÃa en que te fuiste de RÃo, nadie mejor que tú conoce mi vida. Después han sobrevenido en ella sucesos que profundamente la modifican. Ni para confiarlos, ni para decir las penas y los sentimientos que estos sucesos han causado en mi alma, he encontrado un amigo a propósito hasta que hará cerca de veinte dÃas te encontré en casa de la señora de Pinto. Mi alegrÃa fue grande al verte de nuevo. No pensé aún en que por amor iba a volver a ser tuya, pero pensé en nuestra antigua amistad y me propuse renovarla, estrecharla y hacerla ya más constante y sin interrupciones. Pensé también confiarme en ti y desahogar mi corazón diciéndote todos mis disgustos y mis dolores todos. Con este intento, sin orden, según las ideas y los recuerdos acudÃan a mi mente, me puse a escribirlos con precipitación en el libro que te remito adjunto. Escritos están ya, léelos y queda asà apercibido para que no te sorprenda lo más extraordinario ni lo más raro.
Lleno el Vizconde de curiosa ansiedad, después de leer esta advertencia, abrió el libro, le leyó y vio que decÃa de esta suerte:
Confidencias