Genio y figura
Genio y figura En la parte primera del plan había un punto que Rafaela no quiso tocar, ni menos señalar, no por hábil, sino por modesta y desprendida. Este punto le adivinó, le tocó y le señaló el propio D. Joaquín, impulsado por el afecto y por la admiración que Rafaela le infundía. Sin duda para animar y alegrar su magnífico hotel, necesitaba D. Joaquín de mujer propia y elegante que en él viviera. ¿Y quién había de hacer este papel y ejercer este cargo mejor que Rafaela? Es cierto que ella, aunque nos sea muy simpática y nos duela decirlo, era lo que ruda, cruel y groseramente se llama una perdida. Pero D. Joaquín nada tenía que perder tampoco en lo que toca a buen nombre y fama. No eran en esto dos nulidades o ceros cuya suma es siempre cero, sino dos cantidades negativas que se convierten en positivas al multiplicarse.