Genio y figura

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XIV

Salva la discrepancia en que solían estar marido y mujer sobre este punto de la nobleza, don Joaquín se mostraba siempre en perfecto acuerdo con Rafaela, gustando de lo que ella gustaba, y ensalzando y aplaudiendo lo que ella ensalzaba y aplaudía.

Pedro Lobo, pues, vino a ser el encanto de D. Joaquín, quien siempre quería tenerle en su casa, de suerte que, cuando Pedro Lobo, retenido por sus quehaceres, dejaba algún día de venir o retardaba su venida, D. Joaquín iba a buscarle y no paraba ni descansaba hasta que se le traía consigo. Todo esto daba ocasión a no pocos chistes, que cundían por la ciudad, pero que por fortuna jamás llegaban a los oídos de don Joaquín, víctima de ellos.

Algo más de un año duró esta armonía y constante convivencia entre D. Joaquín, Rafaela y Pedro Lobo.

No hubo de ser este tan afortunado como en otras cosas en su secreta misión política. El Brasil, más enemigo cada día del dictador Rosas, conspiró contra su poder, hizo un tratado secreto con la República Oriental del Uruguay, se concertó con el general Justo José Urquiza, gobernador de Entreríos, y suministró toda clase de recursos para el levantamiento contra el tirano.


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