El arte y la revolucion
El arte y la revolucion 11. El escritor despliega un dinamismo constante de acción y reacción sociales. «El escritor es un constructor de la cultura proletaria». Es por eso que viaja y está en contacto directo y diario con la vida campesina y obrera. Vive al aire libre, palpando en forma inmediata y viviente, la realidad social y económica envolvente, las costumbres en ensayo, las batallas políticas, los dolores y alegrías colectivas, los trabajos y el espíritu de las masas. Su existencia es un laboratorio austero, dedicado al estudio científico de su rol social y de los medios de cumplirlo. Las brigadas de choque literarias, marchan a la cabeza del entusiasmo socialista. Ellas recorren las más apartadas regiones, llevando un ejemplo práctico y heroico de esfuerzo creador. El escritor tiene la conciencia de que él, más que ningún otro individuo, pertenece a la colectividad y que no le está permitido confinarse a ninguna «torre de marfil» ni al individualismo del literato capitalista.
12. Ha muerto en Rusia el escritor de bufete y de levita, libresco y de monóculo, que se sienta día y noche ante una muralla de volúmenes, ignorando la vida en carne y hueso de la calle y del camino. Ha muerto, asimismo, el escritor bohemio, «soñador», ignorante, perezoso y anárquico. Un horario y un plano son inseparables del escritor soviético. En todo instante ajustan su actividad, por la derecha, a la aguja del reloj y, por la izquierda, a la aguja de la brújula.