El arte y la revolucion
El arte y la revolucion Pero, precisamente —me decÃa un poco vencido, el poeta «au dessus de la melée»— el artista no debe meterse en temas polÃticos. Picasso no pintará nunca un cuadro semejante y, asÃ, no le acontecerá jamás lo que usted dice…
—Claro. Desde luego. Picasso y los demás artistas «libres» no se meten en temas polÃticos por eso: para que no les suceda nada. Desconocen la frase de Zola: «Yo no puedo callar, porque no quiero ser cómplice». Es muy cómodo ver los toros de lejos. ¿Qué importa que esos temas tengan, por sà mismos, una grandeza temática extraordinaria? Pero de meterse en ellos, adiós «libertad».
—Pero Picasso, como otros grandes artistas, está lejos de hacerlo por cobardÃa y egoÃsmo…
—Ya, ya. Se trata de un egoÃsmo inconsciente y de una dependencia a la clase y al Estado burgués, asimismo inconsciente.
*
—Supongamos que asà fuese. Pero de ahà a someterse con plena conciencia a un Estado y una clase social, como lo hacen, por desgracia, los escritores y artistas rusos, hay un abismo, y no hay comparación, posible.