El arte y la revolucion
El arte y la revolucion Pero el artista revolucionario tiene otro concepto y otro sentimiento de la máquina. Para él, un motor o un avión no son más que objetos, como una mesa o un cepillo de dientes, con una sola diferencia: aquellos son más bellos, más útiles, en suma, de mayor eficiencia creadora. Nada más. De aquà que, siguiendo esta valoración jerárquica de los objetos en la realidad social, el artista revolucionario haga otro tanto al situarlos en la obra de arte. La máquina no es un mito estético, como no lo es moral y ni siquiera económico. Asà como ningún obrero con conciencia clasista, ve en la máquina una deidad, ni se arrodilla ante ella como un esclavo rencoroso, asà también el artista revolucionario no simboliza en ella la Belleza por excelencia, el nuevo prototipo estético del universo, ni el numen inédito y revelado de inspiración artÃstica. El sociólogo marxista tampoco ha hecho del tractor un valor totémico en la familia proletaria y en la sociedad socialista.
La corriente futurista que a raÃz de la revolución de octubre pasó por el arte ruso y, señaladamente, por la poesÃa, fue muy explicable, amén de haber sido efÃmera. Era un rezumo clandestino y trasnochado de la época capitalista recién tramontada. Maiakovski, su mayo: representante en aquel momento, terminó muy pronto por reconocerlo asà y boicoteó, en unión de Pasternak, Essenin y otros, todo residuo maquinista en la literatura.