El arte y la revolucion
El arte y la revolucion Cuando Gladkov exclama: «La nostalgia de las máquinas es más fuerte que la nostalgia del amor», lo dice solamente como se podrÃa decir: «La nostalgia de las máquinas es más fuerte que la nostalgia de mi cuarto» o de cualquiera otra cosa. No es la máquina la que sube, sino el amor el que aterriza. Y no deja de contar en este caso el sentimiento que Walt Whitman posee de la máquina, según el cual, sin desconocer el valor social y estético de ella, lo moviliza y sitúa en sus poemas con una justeza impresionante.
Tan equivocados andan hoy los poetas que hacen de la máquina una diosa, como los que antes hacÃan una diosa de la luna o del sol o del océano. Ni deificación ni celestinaje de la máquina. Esta no es más que un instrumento de producción económica, y, como tal, nada más que un elemento cualquiera de creación artÃstica, a semejanza de una ventana, de una nube, de un espejo o de una ruta, etc. El resto no pasa de un animismo de nuevo cuño, arbitrario, mórbido, decadente.