Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Cuando se fue la vieja, dejó la portada abierta y entró un perro negro de la vecindad. Acercose a Balta que seguía sentado en las vigas color de naranja, y empezó a husmear y a mover su larga cola lanuda, haciendo fiestas con gazmoñería acrobática y mal disimulada. Balta, que se entretenía lanzando destellos de sol con el espejo por doquiera, puso delante del perro la luna. El vagabundo can miró mudamente a la superficie azul y sin fondo, oliéndola, y ladró a su estampa con un ladrido lastimero que agonizó en un retorcimiento elástico y agudo como un látigo.
Vinieron las cosechas.
Balta no volvió a recordar más de cuanto aconteció en el hogar aquella tarde en que la gallina dio su canto, hasta un día de setiembre, en que Adelaida, en la parva de trigo, le dijo de improviso:
—Levanta tú esta alforja. Yo ya no puedo con ella.
—¿Estás enferma?
Adelaida bajó sus ojos dulces de mujer, con un aire inefable de emoción.
—¿Y desde cuándo? —repuso él, en voz baja y paterna, empapada de felicidad y lacerada de ternezas y de lágrimas.
Adelaida lloró, y luego se abrazaron padre a madre.
Musitó ella tímida y pudorosa: