Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Balta hubo de ir una mañana a los potreros, a lo largo de un calvero en el arbolado, y bordeando una acequia de regadÃo. Iba solo. De pronto, y sin darse cuenta, bajaron sus pupilas a la corriente y tuvo que hacerse él a un lado, despavorido. Otra vez asomose alguien al espejo de las aguas. Prodújose al propio tiempo un rumor fugitivo entre los sauces que erguÃanse a la vera del arroyo. Volvió Balta la cara en esa dirección y vio que entre los tupidos ramajes de trepadoras y malvarrosas recobraban las hojas su natural posición que, al parecer, acababa de romper y alterar una fuga atropellada y volátil, como de astuto y bárbaro mamÃfero asustado, o de ágil y certera brazada de alguien que huye. Balta dio gritos de alerta:
—¡Quién va!… ¡Guarda, sinvergüenza!…
Y persiguió a su presa, decidido. Mas todo en vano. Vagó en toda la vecindad; escudriñó las copas de los árboles, detrás de las piedras, bajo las compuertas, sin resultado.
Era la tercera vez que sorprendÃa aquella presencia aleve y desconocida. Tampoco dio noticias de esta nueva aventura a su mujer, aunque un instante sus cavilaciones atreviéronse —¡con esa maldita libertad del pensamiento!— a suponer cosas horribles y ofensivas para ella; o quizá, por eso mismo, no la referÃa nada, y seguÃa con rigurosa discreción la pista de cuanto pudiera sobrevenir a sus sospechas…