Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos —¿Dónde te has ido, por Dios? —exclamó ella, en un apasionado rapto de alegrÃa, saliendo a su encuentro hasta el patio.
Balta entró cogitabundo y sombrÃo, sin responder, las manos atrás, una sobre otra.
Adelaida estaba más pálida y extenuada por la maternidad, cuya luz, comprimida en sus entrañas jóvenes, florecerÃa muy pronto a la luz grande del sol. Su dulce melancolÃa penserosa, en la que una gracia de alba caÃa y lloraba, dibujábase, cada dÃa más densa y más frágil y temprana, en su gracioso rostro que el viento y la intemperie requemaban.
Inquiriole ella, como si fuese su hijo, asida a un brazo de él:
—¿Has estado en la toma?
Balta permanecÃa mudo. ParecÃa evitar mirarla. Al fin la apartó colérico:
—¡Déjame, mujer!
Y penetró siniestramente al cuarto.
Adelaida, con su abnegación y paciencia de mujer, insistió y le siguió.
—¡Pero por Dios, Balta! ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes?
Y añadió en un tierno puchero que sangraba:
—¿Qué he hecho yo para que asà me trate y me bote?…