Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Adelaida, parándose en medio del cuarto que la tempestad colmaba de una compacta oscuridad, lanzó un gemido:
—¡Ay, Dios mÃo!…
El llanto la ahogó. Inclinó su morena cabeza exangüe, y, con desolada amargura, sollozó, sollozó mucho, enjugándose con el revés de su largo traje plomo, como hacen las dulces mujeres de las sierras dolientes del Perú.
—¡Me bota de ese modo!… —susurraba ella, y el dolor inflaba sus senos, los alzaba a gran altura y los dejaba caer y otra vez los levantaba.
¡Cómo lloran las mujeres de la sierra! ¡Cómo lloran las mujeres enamoradas, cuando cae el granizo y cuando el amor cae! ¡Cómo toman un pliegue de la franela, descolorida y desgarrada en el diario quehacer doméstico, y en él recogen las calientes gotas de su dolor, y en él las ven largo rato, las restregan, como probando su pureza, mientras percuten los truenos, de tarde, cuando el amor infla sus pezones, que sazonara el polen del dulce, americano capulÃ; los alza a gran altura y los deja caer y otra vez los levanta!