Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Túpac Yupanqui, desde el momento en que decidió abandonar las armas de conquista, trocándolas por el arado y el telar, venÃa mostrándose, más que nunca, bondadoso y sencillo. Ora salÃa a ver las faenas agrÃcolas, ora visitaba las forjas rechinantes y encendidas de los orÃfices y fundidores, donde las láminas y lingotes de metal gemÃan al asaltar la lÃnea tersa de una efigie sagrada o el ángulo agudo de una barreta espléndida; ora, al cruzar las afueras de la capital, se asomaba a una choza y tomaba una hebra de las madejas para alfombras y tapices, cuyos hilos secábanse en las rasantes de las pircas, goteando alegres tintes de campeche, molle, quinua amarga y tayo; ora hacÃa llamar a un amauta y le formulaba largas interrogaciones sobre hechos fenecidos de otros incas, sobre los movimientos del tiempo, sobre el próximo novilunio, sobre los linderos, la distancia, los vientos, la natalidad, la vida y la muerte… Túpac Yupanqui hallábase entregado por entero a una vida profunda y tutelar, serena y constructiva, que le revestÃa de una especie de santidad apacible y sonriente.
Los nobles secundaban al Inca en su entusiasmo por la paz y el trabajo, aunque, en el fondo, lamentasen esta nueva polÃtica del Emperador, en nombre del espÃritu guerrero de la raza y, sobre todo, por propia conveniencia de clase, ya que las expediciones de conquista redundaban, a la larga, en aumento de preeminencias y riquezas cortesanas.