Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Yo he sufrido con él también los fugaces llamados a la dignidad y a la regeneración; he confrontado las dos caras de la medalla, he dudado y hasta he sentido crujir el talón que insinuaba la media vuelta. Alguna mañana tuvo pena el tabernario, pensó en ser formal y honrado, salió a buscar trabajo, luego tropezó con el amigo y de nuevo la bilis fue cortada. Al fin la necesidad le hizo robar. Y ahora, por lo que arroja ya su instrucción penal, no tardará la condena.
Este hombre es un ladrón.
Pero es también asesino.
Una de aquellas noches de más crepitante embriaguez, ambuló a solas por cruentas encrucijadas del arrabal, y he aquí que sálele al paso, de modo casual, un viejo camarada obrero que a la sazón toma honestamente de su labor, rumbo al descanso del hogar. Le toma por el brazo, le invita, le obliga a compartir de su aventura, a lo que el probo accede a su pesar.
Vadeando hasta diez codos de tierra, de madrugada vuelven a lo largo de negros callejones. El varón sin tacha le arresta al bebedor diptongos de alerta; le endereza por la cintura, le equilibra, le increpa sus heces vergonzante.
—¡Anda! Esto te gusta. Tú ya no tienes remedio.
Y de súbito estalla flamígera sentencia que emerge de la sombra: