Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Por una puerta pequeña, en cuyos quicios había adosados dos frisos en granito, plateados al fuego que representaban, el uno, el sacrificio de un niño y el otro, el nacimiento de Maita Cápac, aparecieron dos ñustas, de radiante belleza una de ellas y de una triste fealdad la otra. Venían tomadas del brazo, a paso reposado, inclinadas. Las princesas volvieron a desaparecer por el lado de los recintos destinados al príncipe heredero, en el preciso momento en que acaecía un hecho imprevisto, que dejó paralizados a todos.
Un adivino, a quien nadie conocía, penetró al palacio por el pórtico que daba a la Plaza de la Alegría, lanzando voces desgarradoras y agitando a dos manos un cayado de punta lancinante. Con el cabello largo y desgreñado, las facciones descompuestas por el terror, envuelto en un rebozo de púrpura en jirones, corriendo y saltando, cual si pisase en millares de clavos candentes, buscaba con ojos desorbitados por el ansia y la desesperación no se sabe qué cosas tremendas e inauditas, en los muros, en los monolitos cubiertos de oro, en las soleras de los techos, en las estatuas y pilastras, en el aire mismo. Levantaba el cayado y lo hincaba en las rosetas y aristas de las paredes. Como si persiguiese insectos o arañas, se inclinaba y se ponía en cuclillas para buscar, con la punta de su vara o con el dedo, en el pavimento y en las junturas de las pieles y tapices. Gruñía y lloraba con infinita desolación.