Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos La corte presenciaba esta escena, estupefacta. Le dejaron circular por donde le llevaba su locura. Clamaba, rugía y se quejaba en palabras ininteligibles. Después se revolcó en el suelo y se desprendió de sus harapos. Entonces se le cogió por la fuerza. Se le intimidó. Pero le abandonaron en seguida, como si su cuerpo quemase, cuando dijo:
—¡Soy el adivino! ¡Todas las patas de la araña dan hacia adentro! ¡Calamidad! ¡Calamidad!
Le llevaron a presencia del Inca, quien, percatado del aire profético del quechua, ordenó en tono de vaga inquietud:
—Que hable. Dejadle.
Y el aterrorizado quechua, en quien ardía la pavesa desconocida, la mecha intermitente de los astros, habló, abatiéndose a pausas, en una especie de sublime agonía: