Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos —¡Veo quipus enredados, como anonadadas serpientes!… Uno de los cordones va creciendo y anudándose a los tabernáculos del Coricancha; es rojo como un arroyo de sangre. También se anuda a los malaquis y a las momias de los emperadores… Veo a un extranjero, de faz barbada y blanca, saquear las reliquias sagradas del RÃmac y del Titikaka… Veo al yllapa cruzar un cielo nuevo y deshacerse en tres cosas distintas, enlazadas por un compás idéntico en sus cursos… ¡Se pierden! Ya no puedo mirarlas. Oh terrible ceguera la mÃa. Veo un ejército innumerable, en el que los guerreros, inclusive el jefe, tienen la misma talla, de tal modo que todos parecen jefes o todos simples soldados… Vienen otros ejércitos y se traba entre ellos una lucha, en la que no se vierte una sola gota de sangre ni una lágrima. Más que combate, parece un juego amable e inocente… Unas nubes pestilentes rezuman de las grietas de la tierra y sofocan y enervan a los combatientes, haciéndoles perder el ritmo de la lucha y trocando el orden y armonÃa de ella, en sudor y fatiga y desazón. ¡Ah calamidad!… ¡Oigo cómo crecen los caminos, serpenteando entre cubiles, dólmenes y nidos!…