Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos El adivino fue sacado. TenÃa un enorme cráneo, achatado por la parte superior, en un plano perfectamente horizontal, desde la altura del nacimiento del pelo en la frente, hasta el mismo colodrillo de la cabeza. Si no fuese por los huesos intactos y el cuero cabelludo de todo el cráneo, creerÃase en un corte a machete. En cambio, la anchura del rostro alcanzaba un diámetro excesivo, semejando la imagen que producen los espejos convexos.
Una vez en la Plaza de la AlegrÃa, el monstruo dio sÃntomas de tranquilidad. Poco a poco recuperaba el estado normal de su conciencia y volvÃa de su mundo prodigioso, aludiendo y significando cosas y circunstancias de la realidad. A las preguntas que le formulaban, dio respuestas cada vez más en razón. Al fin, al llegar al asilo de enfermos, sus palabras y acciones se entonaron de nexo y sentido.
—¿Cómo te llamas? —Se le interrogó.
—Ticu.
—¿De qué ayllo eres?
—De los collahuatas.
—Ya se ve que eres chuco. ¿Dónde vives?
—En los arrabales de Hurin-Cusco, cerca del palacio de Yucay…
—¿Para quién vaticinas?