Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos —¡Hijo de mi alma! —Rompió a llorar mi madre y corrió a estrecharme contra su seno, con ese frenesà y ese llanto de dicha con que siempre me amparó en todas mis llegadas y mis despedidas.
Yo habÃame puesto como piedra. La vi echarme sus brazos adorados al cuello, besarme ávidamente y como queriendo devorarme y sollozar sus mimos y sus caricias que ya nunca volverán a llover en mis entrañas. Tomóme luego bruscamente el impasible rostro a dos manos, y miróme asÃ, cara a cara, acabándome a preguntas. Yo, después de algunos segundos, me puse también a llorar, pero sin cambiar de expresión ni de actitud: mis lágrimas parecÃan agua pura que vertÃan dos pupilas de estatua.