Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Por fin enfoqué todas las dispersadas luces de mi espíritu. Retiréme algunos pasos atrás. E hice entonces comparecer ¡oh Dios mío!, a esa maternidad a la que no quería recibir mi corazón y la desconocía y la tenía miedo; la hice comparecer ante no sé qué cuando sacratísimo, desconocido para mí hasta ese momento, y la di un grito mudo y de dos filos en toda su presencia, con el mismo compás del martillo que se acerca y aleja del yunque, con que lanza el hijo su primer quejido, al ser arrancado del vientre de la madre, y con el que parece indicarla que ahí va vivo por el mundo y darla al mismo tiempo, una guía y una señal para reconocerse entrambos por los siglos de los siglos. Y gemí fuera de mí mismo:
—¡Nunca! ¡Nunca! Mi madre murió hace tiempo. No puede ser…
Ella incorporóse espantada ante mis palabras y como dudando de si yo era yo. Volvió a estrecharme entre sus brazos, y ambos seguimos llorando llanto que jamás lloró ni llorará ser vivo alguno.
—Sí —la repetía—. Mi madre murió ya. Mi hermano Ángel también lo sabe.
Y aquí las manchas de sangre que advirtiera en mi rostro, pasaron por mi mente como signos de otro mundo.