Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos —¡Pero, hijo de mi corazón! —susurraba casi sin fuerzas ella—. ¿Tú eres mi hijo muerto y al que yo misma vi en su ataúd? SÃ. ¡Eres tú, tú mismo! ¡Creo en Dios! ¡Ven a mis brazos! Pero ¿qué?… ¿No ves que soy tu madre? ¡MÃrame! ¡MÃrame bien! ¡Pálpame, hijo mÃo! ¿Acaso no lo crees?
Contempléla otra vez. Palpé su adorable cabecita encanecida. Y nada. Yo no creÃa nada.
—SÃ, te veo —la respond× te palpo. Pero no creo. No puede suceder tanto imposible.
¡Y me reà con todas mis fuerzas!