Novelas y cuentos completos

Novelas y cuentos completos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El apuntador, con la cara encendida por el rencor, se paseaba nerviosamente en el rancho. Leónidas Benites oía a Huanca, cabizbajo y como presa de hondas luchas interiores. Una aguda incertidumbre suscitaban en su espíritu los alegatos del herrero. Benites, en el fondo, tenía fe absoluta en la doctrina, según la cual, son los intelectuales los que deben dirigir y gobernar a los indios y a los obreros. Eso lo había aprendido en el colegio y en la universidad y lo seguía leyendo en libros, revistas y periódicos, nacionales y extranjeros. Sin embargo. Benites acogía esta noche la opinión en contrario de Servando Huanca, con extraña atención, con respeto y hasta con simpatía. ¿Por qué? Verdad es que místers Taik y Weiss le habían arrojado de su puesto de agrimensor y que José Marino rompió también con él la sociedad de cultivo y cría. Verdad es que Benites odiaba ahora, a causa de estos daños, a los patrones yanquis tanto como a los patrones peruanos —encarnados estos últimos en las personas de «Marino Hermanos»—. Pero —se decía en conciencia—, de aquí a ponerse en tratos con Huanca, para mover a los peones contra la «Mining Society» y —lo que era más grave— para provocar así nomás un levantamiento de las masas contra el orden social y económico reinante, medía, en realidad, un gran abismo… ¡Y si las pretensiones del herrero no fuesen más que esas! ¡Si el herrero quisiese únicamente el aumento de los salarios a la peonada, buenos ranchos, disminución de las horas de trabajo, descanso por las noches y los domingos, asistencia medical y farmacéutica, remuneración por accidentes del trabajo, escuelas para los hijos de los obreros, dignificación moral de los indios, el libre ejercicio de sus derechos y, por último, la justicia igual para grandes y pequeños, para patrones y jornaleros, poderosos y desvalidos!… Mas eso no era todo. ¡Servando Huanca osaba ir hasta hablar de revolución y de botar a los millonarios y grandes caciques que están en el Gobierno, para ponerlo a este en manos de los obreros y campesinos, pasando por sobre las cabezas de la gente culta e ilustrada, como los abogados, ingenieros, médicos, hombres de ciencia y sacerdotes!… No podía el agrimensor concebir a un herrero de ministro y a un obispo, un catedrático o un sabio, pidiendo audiencia a aquel y guardándole antesala. ¡Ah, no! Eso pasaba todo límite y toda seriedad. Pongamos por caso que muchos intelectuales fuesen pícaros y explotadores del pueblo. Pero, juzgando las cosas en el terreno estrictamente científico y técnico, para Benites, la idea y los hombres de ideas constituyen la base y el punto de partida del progreso, ¿qué podrán hacer los pobres campesinos y jornaleros el día en que se pusieran a la cabeza del Gobierno? ¡Sin ideas, sin noción de nada, sin conciencia de nada! ¡Reventarían! De esto estaba completamente convencido Leónidas Benites. Y justamente, por estarlo, no podía explicarse el agrimensor por qué seguía oyendo y discutiéndole a Huanca, un hombre chiflado y ante quien él, Benites, aparecía nada menos que como enemigo y explotador de la clase obrera y campesina.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker