Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos SolÃs se emociona visiblemente y yo también.
—¿Tiene usted frÃo? —me interroga con súbita ternura.
Hace rato, sin duda, la estancia está llena de una neblina densa que azulea en extraños cendales en torno a las ampolletas de luz roja. Por los altos ventanales vese que sigue lloviendo. Hace mucho frÃo en verdad.
Suenan como entre apretados algodones impregnados de limalla de hielo, notas dispersas de un solfeo distante. Es la banda de músicos de la PenitenciarÃa que ensayan el himno del Perú. Suenan esas notas, y desusada sugestión ejercen ahora en mi espÃritu, hasta el punto de casi sentir la letra misma de la canción, engarzada sÃlaba por sÃlaba, o como clavada con gigantescos clavos en cada uno de los sonidos errantes.
Las notas se cruzan, se iteran, patalean, chirrÃan, vuelven a iterarse, destrozan tÃmidos biseles.
—¡Ah, qué suplicio el de aquel hombre! —exclama el preso con creciente lástima. Y continúa narrando entre silencios contÃnuos, durante los cuales sin duda trata de atrapar los tremendos recuerdos: