Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Y luego, SolÃs calló hasta la muerte. Y luego, como cosa aparte, lleno de amor y amargura a un tiempo, añadió:
—Pero Palomino, que ha sido siempre un hombre bueno y mi mejor amigo, el más leal, el más bondadoso; a quien yo querÃa tanto, por cuya situación me interesaba intensamente, a quien le ayudé a escudriñar su futuro amenazado, y por quien llegué hasta registrar de hecho los bolsillos y los actos de los demás; Palomino no ha vuelto más por aquÃ, ni se acuerda de mÃ. Es un ingrato. ¡Qué le parece!
Se oye de nuevo a la banda de músicos de la PenitenciarÃa tocar el himno del Perú. Ahora ya no solfean. El coro de la canción es tocado por toda la banda y en su integral sinfonÃa. Suenan las notas de ese himno, y el preso que permanece en silencio, sumido en sus hondas cavilaciones, agita de pronto los párpados en vivo aleteo y exclama con gesto alucinado:
—¡Es el himno el que tocan! ¿Lo oye usted? Es el himno. ¡Qué claro! Parece hacerse lenguas:
Soo-mos-liii-bres…
Y al tararear estas notas, sonrÃe y rÃe por fin con absurda alegrÃa.
Luego vuelve a la reja inmediata los encandilados ojos, en los que está brillando un brillo de lágrimas ardidas. Salta del asiento, y, tendiendo los brazos, exclama con júbilo que me estremece hasta los huesos: