Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Más abajo, Miguel se perdÃa entre un montÃculo de sábila, para tornar a salir por una hendidura estrecha, arrastrándose en una charca y contrayendo el tronco en una lÃnea sauna y glutinosa. Forcejeaba y sudaba entre las zarzas. Sus perros le mordÃan las orejas y lo acorralaban en rabiosa acometida. Una iguana o un enorme sapo se escurrÃa por entre sus brazos y sus cabellos, asustando los perros, que luego lo perseguÃan ladrando. Sonriente y embriagado de goce y energÃa, saltaba Miguel anchas zanjas. Columpiábase de gruesas ramas, trozándolas. CogÃa frutos desconocidos, probándolos y llenándose la boca de jugos verdes y amarillos, cuyo olor le hacÃa estornudar largo tiempo. Agarró una panguana tierna, de luciente plumaje zahonado, arisca y un poco brava, que luego se le escapó, aprovechando una caÃda de Miguel, al saltar un barranco jabonoso. Iba como impulsado por un vértigo de locura. Al entrar en los puros dominios de la naturaleza, parecÃa moverse en un retozo exclusivamente zoológico.
Llegó el rumor de una catarata entre los ladridos de los perros. Uno de los hombres dijo:
—Ya estamos cerca…
El sol habÃa aparecido. El cielo se despejaba. Me asomé al borde de la vertiente. En un fondo profundo, formado por dos acantilados, velase una espesura de hojas envainadoras y cortantes, de la que partÃa un ruido cascajoso y seco.